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Que deberías visitar durante el Open House Madrid
Septiembre 21, 2017
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Dos días para descubrir arquitectura en Madrid. Los días 30 de septiembre y 1 de octubre se celebra la edición de 2017 del Open House Madrid y estarán abiertos al público más de un centenar de edificios, algunos de ellos por primera vez. Aquí una selección de diez proyectos que vale la pena no perderse.

1. Parque Móvil del Estado

Con el automóvil apareció no solo uno de los dispositivos más cotidianos del mundo moderno, sino también un tipo de edificio nuevo: el parking. Siempre lateral, siempre construido de forma económica, está asociado a lo subterráneo, o bien a lo periférico. Sin embargo, si nos fijamos, el parking es un espacio excepcional: grandes superficies abiertas, rampas escultóricas, la capacidad de aguantar casi de todo.

Los vehículos oficiales, esos que transportan a los políticos, también tienen su parking. El Parque Móvil, que es como se denomina a la institución y al edificio que custodia y cuida los automóbiles oficiales, apareció en 1935, en plena II República. Después de la Guerra Civil, desde la actitud paternalista de la dictadura, el garaje se amplió con servicios para los trabajadores: una peluquería, un economato, un servicio médico, una escuela, un cine, viviendas... El cierre comercial de la autarquía hizo que en el taller del Parque Móvil no sólo se hicieran reparaciones, sino que se fabricaran piezas de repuesto completas, a partir de chatarra.

Parking en la azotea del edificio del Parque Movil del Estado, en Madrid.ampliar foto
Parking en la azotea del edificio del Parque Movil del Estado, en Madrid. ÁLVARO GARCÍA
En el taller hay un mural el pintor Germán Calvo, de 1951, que recuerda a los murales industriales que Diego Rivera pintó a principios de los años treinta en las factorías de Ford y General Motors en Detroit, idealizando las labores de los trabajadores. El tejado de dientes de sierra por donde entra la luz, la rampa para coches que conduce a cada uno de las plantas de garaje, bajo una bóveda de cristal, y, en definitiva, la sencilla e imponente belleza del parking, sorprende tras la dura fachada del edificio, que da a Cea

2. Ateneo de Madrid

La sociedad del Ateneo de Madrid se creó en el inicio del trienio liberal, tres años, de 1820 a 1823, durante los cuales estuvo activa la Constitución de Cádiz de 1812, para discutir y hablar de ?literatura, ciencia y arte?. Como el rey de entonces, Fernando VII, en cuanto pudo restituyó el absolutismo y el periodo liberal se fue al traste, el Ateneo pasó por algunos pesares y tuvo que exiliarse en Londres hasta 1830. Luego, la sociedad ocupó varios edificios hasta llegar a la sede de Prado 21. De Emilia Pardo Bazán a Valle-Inclán, numerosos intelectuales pasaron, y discutieron (nada más asociado al intelectual madrileño que el café y la tertulia) por el edificio, y por su histórica biblioteca. Entrar hoy en la sede modernista que acoge al Ateneo desde 1884 es viajar en el tiempo. La madera oscura, las paredes con manchas, las pinturas que retratan a los ilustres socios, transmiten un ambiente de decadencia que no solo es visible en su condición material. Una verdadera cápsula del tiempo anclada varias décadas atrás.


3. Medialab-Prado

La antigua Serrería Belga, que procesaba la madera de los pinares de la sierra madrileña, se ubicó en 1925 en este edificio de hormigón, que de hecho fue el primero construido con esta técnica en la ciudad, algo que se puede observar en los detalles arquitectónicos, que tienen reminiscencias de la construcción de madera.

OPEN HOUSE
Ha sido rehabilitado por María Langarita y Víctor Navarro con una intervención que se incorpora a la estructura existente como una capa nueva, completamente diferenciable, más blanda, orgánica, suave y retorcida, permitiendo que surja, de la amistad entre ambas, un espacio en el que pueda pasar de todo. Medialab?Prado es un laboratorio ciudadano de producción y de investigación que, tras pasar por otras sedes, se entiende bien con un espacio que es una plataforma dispuesta a ser programa de muchas maneras posibles y por muchas personas distintas.

4. Jardín de la Casa Museo Lope de Vega

Una isla rústica y poco pretenciosa en la calle Cervantes, el jardín de la Casa Museo Lope de Vega, donde solía vivir el poeta, pide llevarse un libro y pararse a leer, o, simplemente, a sentarse y hacer nada, descansando del acoso de las imágenes. Mínimo y sencillísimo, el jardín se configura a base de parterres rectangulares entre caminillos por los que dar un diminuto paseo. El jardín es en realidad un huerto trasero del que se lee que el poeta lo llamaba ?mi güertecillo?. Varios edificios miran a este patio, y según la artista Marta Fernández Calvo a distintas horas del día se oyen ensayar los instrumentos de los vecinos. Ella un día puso a todos los músicos a sonar a la vez, y quizá al visitarlo podemos imaginar que estamos viviendo en el instante en que eso sucedió.

5. Archivo y Biblioteca Regional

En 1994, El País titulaba un artículo ?Dos discípulos de Moneo ganan el concurso para transformar El A?guila en un gran centro cultural?. La forma en que se nombra en la noticia a los jóvenes arquitectos traza una línea en el tiempo hasta hoy, cuando el estudio que montaron Emilio Tuñón y Luis Mansilla ha construido algunos de los mejores ejemplos de arquitectura contemporánea en España. El complejo de El Águila, la antigua fábrica de cervezas, era el gran proyecto de Joaquín Leguina para el sur de Madrid. Finalmente no se convertiría en ese centro cultural, sino en el Archivo y la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid. La intervención en el edificio original, una arquitectura industrial de Eugenio Giménez Corera y Luis Sáinz de los Terreros de 1914, respeta con delicadeza lo existente, manteniendo la idiosincrasia de los volúmenes que caracterizan el edificio original, como el silo, y añadiendo nuevos volúmenes, sencillos pero característicos del momento en que se proyectaron, los años noventa. El Águila es una de la mejores piezas de la ciudad

6. Ciudad BBVA

Esa torre de la Castellana, marrón oscura, brillante y tramada por brise?soleils (parasoles) horizontales, donde leemos un rótulo que dice BBVA, que fue diseñada por Francisco Javier Sáenz de Oiza en 1981, es probablemente el mejor ejemplo de arquitectura en altura de la ciudad. Si en el siglo XX ser moderno y corporativo era hacer un rascacielos, en los dosmiles es hacer una ciudad. El banco ha construido una sede mucho mayor en la periferia madrileña, proyectada por los arquitectos suizos Herzog & de Meuron. La ciudad del BBVA es también un signo en el perfil arquitectónico madrileño, en este caso una señal ovalada, y su arquitectura está también marcada por la pauta de parasoles que tamizan el sol (la esencia del rascacielos, la fachada de vidrio, bordea el disparate en este sur). El edificio colma la parcela, construyendo una manzana unitaria que comparte el ritmo formal y la materialidad del elemento vertical (el óvalo?torre). Visitar este edificio es ver una obra de gran complejidad, elaborada por uno de los estudios de arquitectura más influyentes en la actualidad, y a la vez observar cómo toma forma un sistema económico que generalmente apreciamos sólo en lo abstracto.
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